Soy de una pequeña ciudad del norte de la isla de Tenerife que se llama Icod de los Vinos y esta ciudad es famosa, entre otras cosas, por tener un drago que cuenta ya con mil años de edad. Para los que no lo sepan, el Drago es una especie vegetal típica del clima subtropical presente en la Macaronesia (es decir, los archipiélagos del Atlántico Norte, cercanos a África: Azores, Canarias, Cabo Verde, Madeira e Islas Salvajes). El Drago milenario se ha convertido en un símbolo para mi ciudad y todavía hoy, después de tanto tiempo, sigue contanto con una salud y fortaleza envidiables.En la actualidad es el más grande y longevo del mundo dentro de su especie. Mide nada más y mada menos que 18 metros y tiene un perímetro en la base del tronco de veinte metros y más de trescientas ramas principales. Sus flores son realmente bonitas y se estima que en años de buena floración puede llegar a producir hasta mil quinientos ramos de flores. Lo más interesante de todo, es que el tronco es hueco, de modo que se puede acceder a él por una pequeña puerta (aunque solo los biólogos pueden hacerlo) dándole esa apariencia de cuento de hadas.

Sé que es un poco rara la conexión que yo establezco, pero a mí, el Drago Milenario, y con todos los respetos del mundo, se me parece a un brócoli gigante. Y cada vez que preparo este plato de pasta rápido y sencillo, me acuerdo de mi hogar y del enorme aprecio que sentimos los icodenses en particular y los tinerfeños en general, hacia esta maravilla de la naturaleza.

Bueno, al grano. Ponemos en una sartén un poco de ajo en láminas, pimientitas cayena desmenuzadas y rehogamos con un poco de aceite de oliva. Añadimos los pequeños draguitos (más conocidos como brócoli) y los dejamos al fuego por dos minutos, acto seguido añadiremos un vaso de caldo de verduras. Dejamos en el fuego hasta que los draguitos-brócoli están en su punto (a mí me gustan crujientes, así que no los dejo mucho tiempo) y añadimos parmigiano-reggiano al gusto y un poco de mantequilla.

Servimos en un plato, ponemos más queso si queremos, devoramos sin más y recordamos que en una pequeña isla, en el medio del Oceáno Atlántico, existe un brócoli gigante que esperemos que viva otros mil años más. ¡Buen provecho!

 Drago Milenario, Icod de los Vinos. Tenerife