PAJARITO

Nada más despertarse balbucea para que vengas a darle los buenos días y cuando llegas al marco de su puerta, lo miras. Ahí está, de pie, con los brazos extendidos, dedicándote una de sus preciosas sonrisas con carita de sueño. Y te das cuenta. Ya no es un bebé. No lo es. No sé en qué momento exacto ha dejado de serlo, pero hoy más que nunca le ves su carita de niño, de chico pequeñito. Sus piernas firmes, sus brazos fuertes y sus manos ágiles. Y te alegras, pero con tristeza, porque quieres que crezca y se quede pequeñito, porque quieres que vuele y se quede en el nido.

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