PAVLOVA DE FAMILIA NUMEROSA

Separa las claras de las yemas de cinco huevos manteniendo el equilibrio mientras Amelia se enreda entre sus piernas. Martín enseña a Pablo cómo construir una pequeña torre con las fichas de madera.

Cuando empieza a batir los huevos, Amelia comienza a llorar desconsoladamente porque el ruído de la batidora la asusta, así que la coge, le regala un beso sonoro que la tranquiliza y con ella en brazos añade una pizca de sal y comienza a batir las claras. No es fácil sujetar con una mano un bebé y con la otra una batidora, sobre todo porque de algún modo tiene que ir añadiendo una taza de azúcar de a poco y ya no le quedan manos para eso.

Cuando las claras comienzan a cambiar de textura y adquirir esa apariencia mágica de merengue, Pablo se enfada porque es incapaz de construir una torre tan bonita como la de Martín, así que antes de que se convierta en un auténtico drama, mamá llega para alabar su maravilloso trabajo y felicitarlo.

Añade al merengue un chorrito de extracto de vainilla y una cucharadita de maizena y lo coloca sobre papel para hornear intentando evitar que las manitas curiosas de Amelia se pringuen con la mezcla y lo mete en el horno a 150  grados durante una hora.

Una hora. Justo el tiempo necesario para bañar juntos a Pablo y Martín, evitar que inunden el baño, jugar con ellos, comérselos a besos, ponerles el pijama, contarles un cuento improvisado que les lleva despacito al mundo de los sueños, bañar a Amelia, llenarla de mimos, consolarla cuando se lleva la manita a la boca y la mira con tristeza. Malditos dientes.

Cuenta ocho cacitos de leche mientras observa cómo ya está lista la tarta y la saca. Le da el biberón a Amelia y cierra sus preciosos ojitos. La acurruca en la cuna mientras le canta su nana favorita y regresa a la cocina.

Monta la nata cuando suena su teléfono. De memoria le comenta a su jefe los tres datos que no cuadran en el informe que revisó esta mañana en la oficina y tras la llamada extiende la nata sobre la base y la decora con fresas y arándanos.

Cuando oye la puerta apenas le queda tiempo de añadir un chorrito de mermelada de frambuesa mezclada con zumo de naranja por encima. Él la mira desde el marco con los mismos ojos brillantes de hace 15 años aunque más cansados, más profundos y la abraza fuerte.

Te has acordado…

Y cómo olvidarlo. Felicidades, mi amor.

Captura

 

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2 Comments

  1. María José _SucreriesPassions

    ¡¡Buenos días, mi niña!! ¡¡me encanta la receta y cómo no, tu forma de contarla. Emociona, jeje. Es una tarta que llevo tiempo queriendo hacer pero que siempre, por una razón u otra, nunca hago. ¡¡Me acabas de convencer con la tuya! ¡¡Qué pinta!! 😉 ¡¡Feliz día!!

  2. Minombrenotegusta#comimosPasteisdeBelem#mihermanaesuncentriolo :D

    ¡¡¡¡Pero qué bonitooooooooooooooooooo!!!!!! Hablas de la pareja de bebitos perfectos, no?? Aixxxxxxxx…..se me humedecen los ojos…..bueno…y yo que soy nula en la cocina…a ver si de paso, con la emoción, me lanzo a hacer la tartita detallista….

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