CAMINAMOS

Y de repente llega ese día. El día en el que los intentos dejan de serlo y se convierten en realidad. Camina. A veces a trompicones, pero camina. Seguro, curioso, risueño, emocionado. Y es inevitable no pensarlo: caminar por primera vez debe ser una de las experiencias más cojonudas de la vida. Hay poquitas así, pero sin duda, ésta ha de ser una de ellas. Cuando lo miras, cuando ves ese brillo en los ojos, esa fuerza motriz que lo impulsa, lo envidias un poco y te preguntas cuándo fue la última vez que tú te sentiste así. Y te das cuenta de que la útlima vez que te sentiste así fue el día en el que lo acurrucaste en los brazos por primera vez…y de pronto lo entiendes todo: él ha aprendido a caminar, pero tú también lo has vuelto a hacer.

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