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“Acabarás cogiéndole el gustillo” Quizás la frase que más he escuchado desde el instante en el que decidí que iba a meterme en esto del running. Supongo que es cierto y quizás así lo sea para la mayoría de las personas, pero es que mi gustillo es un tanto especial. Todo un personajillo, el colega.

Primero, a mi gustillo no le hace ni fisco de gracia eso de madrugar y cada vez que me levanto para ir a correr me dice eso de “vete tú tirando que si eso ya te cojo más tarde” Y lo cierto es que viene sí, pero cuando ya estoy de vuelta destrozada en la ducha. Ahí sí que aparece, pero antes yo no le veo el pelo.

Segundo, a mi gustillo le gusta comer. Y no hablo de verduritas o frutitas, no, al listillo le encantan las comidas-caquita que lo único que consiguen es hacer que te crezca el culo. Trato de convencerlo, pero es un maldito cabezota.

Tercero, creo que mi gustillo se lleva bien con los diablitos del infierno que a veces salen para saludarme mientras corro. Incluso tengo la sospecha de que quizás se va de fiesta con ellos y en realidad tiene resaca.

Y lo peor de todo es que mi gustillo corre, sí, pero solo cuando a él le apetece y cuando lo hace, va tan rápido que no hay manera de pillarlo, y mira que lo intento, y tanto que lo intento, pero el muy h**o de p**a va como un rayo y así no hay manera.

Ah, no, pero yo pienso pillarlo, y tanto que pienso pillarlo, y cuando lo haga, cuando lo haga, no se me va a escapar, que ni lo sueñe.