ODIO correr. Lo ODIO. Y después del parón de las vacaciones la cosa se vuelve a poner fea. rtgrtYo no sé cómo lo hago, pero reuno un poco de la energía que me queda y consigo la suficiente como para ponerme la ropa y las zapatillas y salir a correr.

ODIO correr. Lo ODIO. Y no puedo dejar de pensar en esto cuando todo mi cuerpo me grita: “pero, ¿qué haces? ¿por qué no te quedaste en el sofá?, ¿estás loca?” ODIO correr. Lo ODIO. Y no consigo entender cómo es que la gente dice que esto se vuelve adictivo, que le acabas cogiendo el gustito…la gente yo creo que no tiene ni idea de lo que es el gustito.

ODIO correr. Lo ODIO. Ya estoy llegando al sitio de la última vez, al menos he conseguido hacer la misma distancia (que sigue siendo una mierda muy corta) y justo al llegar me sorprende ver que mis piernas continúan, sobrepasan ese lugar y de pronto la veo. Allí está, verde, sucia y pequeña, pero está: la papelera. Hasta la papelera. Voy a llegar hasta la papelera. Todo mi cuerpo se revela: “¿Hasta la papelera? ¿pero tú me quieres matar? ¡No puedes llegar hasta la papelera! ¡Yo ya no puedo más, no puedo más!” ODIO correr. Lo ODIO. Y la maldita papelera no llega nunca. Pero yo continúo, hiperventilando, agonizando. ODIO correr. Lo ODIO. Y de repente sucede, ya está, es mía. Nunca en toda mi vida me he alegrado tanto de llegar a una maldita, verde y sucia papelera. Yo no sé cómo deben de sentirse los corredores al llegar a la meta, pero si es similar a esto, es cojonudo.

ODIO correr. Lo ODIO. Pero he llegado a la papelera.