DE VIAJE

No sé qué haría si no pudiera viajar. Bueno, sí, probablemente la rutina acabaría conmigo de manera lenta y dolorosa. Una vez leí que viajar es lo único que compras que te hace más rico. Y cuánta razón hay escondida en esa frase.

No sé por qué la gente se empeña en demostrarte que viajar con un bebé no es una buena idea. Bueno, quizás sí lo sepa, creo que lo llaman zona de confort. Todo lo que sobrepasa esa zona es peligro, incomodidad, miedo y no mucha gente está dispuesta a romper con esa visión. Si tú que me lees consideras mejor quedarte en casa y no mostrarle a tu bebé más que el parque y la casa de los abuelos durante un año y medio (o más), lo respeto profundamente, pero no intentes convencerme a mí de lo mismo.

Creo que hay que partir de una base, un hecho muy importante que me da la sensación de que se pasa a menudo por alto: los bebés no son burbujas de jabón que se deshacen al mínimo contacto. Los bebés, son mucho más fuertes de lo que pensamos, tienen una capacidad de adaptación tremenda y les encanta el aire libre.

Fueron muchas las causas que escuché que intentaban demostrarme que estaba loca si pretendía viajar con él tan pequeñito. He aquí algunas de ellas:

1. En el avión no parará de llorar porque le dolerán mucho los oídos por la presión.

2. No dormirá bien en otro lugar que no sea su propia cuna y no les dejará descansar.

3. Cogerá alguna enfermedad.

4. Tendrán que llevar demasiado equipaje.

5. No podrán visitar con tranquilidad ni hacer la mayoría de las cosas.

A pesar de todas ellas, decidimos “arriesgarnos” (en el sentido más ridículo de la palabra – en la vida hay riesgos que sí que lo son de verdad).

Mi bebé tiene ahora seis meses de vida y hemos viajado con él en cinco ocasiones: en AVE a Alicante y en avión a Varsovia, Tenerife, Cerdeña y Budapest.

Han sido, probablemente los mejores viajes de mi vida, con él, parece que todo tiene otro color.

Esta ha sido mi experiencia:

1. En el avión solo hizo dos cosas, dormir y comer. Bueno, cuando estaba despierto jugaba con alguno de sus peluches y nada más. No lloró, no le dolieron los oídos y la presión no pareció afectarle en absoluto.

2. En los hoteles dormía como un tronco, se despertaba para su toma y listo. No le llevamos sus sábanas, solo el peluche destripado con el que suele dormir y nada más. Eso sí, la rutina nocturna es sagrada: baño, masaje, pijama, toma, mimos y a dormir, es todo lo que necesitan.

3. Lo de la enfermedad es muy relativo, creo que es tan fácil que pille una aquí como fuera, pero me imagino que es cuestión de suerte. Yo lo he vacunado y a mí, personalmente, eso me daba mucha tranquilidad.

4. Vale, aquí no nos engañemos, lo de llevar mucho equipaje es una verdad como un templo. Hacer su maleta, hablando francamente, es una auténtica pesadilla, porque está llena de “porsiacasos” y al final te das cuenta de que hay muchos “porsiacasos”. De cualquier modo, tratemos de recordar que en destino también hay bebés, farmacias, supermercados, y en general, se puede comprar cosas y todo.

5. Aquí, yo no sé, supongo que dependerá de cada bebé, pero no sentí en ningún momento que no podía hacer algo. Bueno, miento, a la playa suelo ir más temprano y estar muchas más horas, con él, evitaba las horas más fuertes. Quizás ha sido la única limitación.

Yo no lo veo tan complicado, creo que la gente se imagina algo mucho peor. Y es una pena, porque viajar con él no es solo más que posible, sino divertido. Si crees que tener un bebé va a limitar tu estilo de vida, creo que tienes una aproximación incorrecta. No es lo mismo, y no intento ocultarlo, pero mucho me temo que los límites los ponemos nosotros solitos.

Viaja con él, enséñale el mundo, hazlo flexible, que aprenda a adaptarse y sobre todo, no tengas miedo, te sorprenderá ver lo mucho que disfruta y te hace disfrutar. Nunca es demasiado pronto para hacerle entender que viajar es una de las pocas cosas que, realmente, te hace más rico.

Alicante – abril

erthrt Varsovia – mayo

ethty

Tenerife – mayo

gheryth

Cerdeña – julio

feth

Budapest – agosto

la foto

 

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4 Comments

  1. ¡Me encanta este artículo! Creo que con él aclaras muchas dudas que parecen planear sobre las mentes de muchas personas con respecto a viajar con bebés… Parece mentira que aún haya personas que crean que es complicado ir a algún sitio con un bebé tan pequeño, cuando no veo que sea una limitación para nada. Es más, tu pequeño agradecerá enormemente el favor que sus papis le están haciendo: enseñarle que el mundo es más que lo que ve en su ciudad y que nos perdemos muchísimas cosas buenas por limitarnos tanto…

  2. Paula Díaz Mesa

    Así es. Recuerdo que una de las razones por las que pensaba que no estaba preparada aún para quedarme embarazada era la de imaginarme dos años de mi vida totalmente atada a casa, sin maquillaje, en pijama y sin poder disfrutar de unas vacaciones. Esa era la imagen que tenía en mi cabeza. No he cumplido los treinta aún, no quiero ser una madre aburrida que superprotege al bebé. No creo que sea beneficioso para ningún miembro de la familia, menos aún para mí. Mi matrona, a la que estoy considerando seriamente levantarle un altar en algún rinconcito de la casa, me dijo: Paula, durante el embarazo y la crianza: tapones. Y así he hecho. Mejor ponerse tapones a lo que muchas veces se empeñan en hacerte creer. Creo que lo mejor es vivir la maternidad de la manera más natural y flexible posible. Cada uno es libre de hacerlo como quiera, pero yo, desde luego, no pienso hacerlo encerrada en casa. Disfruta y deja disfrutar y sobre todo, diviértete, cuando te vengas a dar cuenta ya estará yendo a la escuela, jeje…

  3. Pues si, querida Paula. Tienes toda la razón del mundo y se de lo que hablo. Las limitaciones las ponemos nosotros solos aunque a mi si que me pasó que uno de mis dos bebés se hizo caca nada más subir al avión, jajaja y eso fue un pelín más complicado, jaja. Bueno, anécdotas aparte pienso igual que tu, todo puede pasar fuera de casa, pero dentro también. Y además me voy a atrever a darte un consejo, en cuanto tenga edad para viajar solamente acompañado por una azafata mándalo con sus familiares aunque no viajes tu con él, es una experiencia muy enriquecedora para los niños, aprenden muchísimo más que estando siempre “adheridos” a nuestras faldas. Eso si, prepárate para cuando crezca porque una vez acostumbrados a viajar, las ganas no desaparecen jamás (eso también lo digo por experiencia). Un beso.

  4. Paula Díaz Mesa

    Maravilloso consejo, grandísimo. Muchas gracias por regalármelo y por compartirlo, Merche.
    Intentaré seguirlo, aunque eso signifique que corra el riesgo de que se haga caca nada más entrar en el avión 😀 Mil besos!

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