GRANOLA EN SILENCIO

Pongo en un bol los copos de avena junto al coco rallado, las almendras, las semillas de girasol y calabaza, azúcar moreno, una pizquita de sal y lo revuelvo todo. En una taza mezclo aceite de girasol con un buen chorro de miel y un poquito de esencia de vainilla. Añado la mezcla a la avena y remuevo bien hasta que tiene la consistencia de arena mojada y recuerdo aquel día. Yo tenía tan solo 14 años, una mocosa insegura y asustadiza que volvía del instituto, un día cualquiera, salvo por un detalle: Dina, había traído al mundo a cuatro cachorritos. Yo cogí al más gordito y lo acurruqué en los brazos. Guni.Aún siento el calor de su cuerpo en mis manos, la suavidad de su pelo, aún conservo intacta la ternura de cada una de sus caricias. Esta mañana lo coloqué en su cestita, como aquella primera vez. Esta mañana lo volví a acurrucar, solo que por última vez. Y mi casa se quedó vacía y mi casa se quedó fría.

Coloco los copos en el horno a 180 grados y cada diez minutos los remuevo. Cuando están bien doraditos los saco y los salpico con arándanos secos. Huele muy bien.
Me siento en la mesa, añado un puñado a mi yogur y solo oigo el silencio.

Todos los perros van al cielo, dicen por ahí. Si ese cielo existe, no me importaría ir.

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