PERAS CON RICOTTA Y CERTEZA

A veces pensó que el miedo no la iba a dejar, que el miedo la atraparía en su burbuja para siempre. A veces lo recuerda y sigue sin entender de dónde sacó el valor para meter toda su vida en una pequeña maleta y dejar aquella casa, aquel mar, aquel cielo. Pero lo hizo y lo hizo sola. La niña oculta bajo sus dudas de repente le susurró al oído: ¡salta! y no miró hacia atrás.
En su recuerdo quedarán para siempre guardadas las lágrimas de su madre, su abrazo, su empujón. Y el temor de su padre, su desconsuelo. Y la mirada de su hermano, tal vez el único consciente de que ya nada volvería a ser lo mismo y su pequeña habitación, más vacía que nunca.
Pero ella se fue, y lo hizo disfrazando sus pesadillas, arañando optimismo.
Él estaba esperándola al otro lado, como tantas otras veces, tal vez demasiadas. Él estaba allí, pero esta vez para siempre.
En su nueva casita, tan pequeña como nunca antes había visto, empezó la mejor aventura de su vida. Y aún recuerda el sabor de aquel pequeño plato de bienvenida…
Unas peras en láminas, un poco de queso ricotta mezclado con mantequilla y pistachos y arándonos secos bailando encima… y certeza, mucha certeza de que saltó, salta y saltará por él toda la vida.

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