I LOVE POLAROID!

Allá por el 2008 la ya histórica empresa Polaroid anunciaba el fin de la fabricación de película para sus cámaras. La noticia, casi un drama para los amantes de la fotografía instantánea, supuso la inmediata transformación de este tipo de cámaras en un objeto obsoleto relegado a la decoración y al recuerdo. Algunos lo tomaron con filosofía, para otros supuso un auténtico crimen contra el arte, y unos pocos, decidieron luchar contra su total abandono. Es así como nació The Impossible Project – un proyecto que hizo de lo imposible, lo posible y que salvó a las Polaroid costando lo que costara, y nunca mejor dicho. El resultado: películas muy caras (un paquete con ocho tiros cuesta en torno a los veinte euros) y de una calidad inferior a las originales, pero que afortunadamente siguen manteniendo viva el alma y la magia de la fotografía instantánea.Hace poco, recibí el que probablemente ha sido uno de los mejores regalos que he tenido jamás: una Polaroid 636 que tiene más de veinte años. Al principio creí que después de tantos años no funcionaría, pero de cualquier modo, me emocioné al verla entre mis manos. Uno de esos fantásticos domingos de Rastro fui a Fotocasión y allí me confirmaron que funcionaba perfectamente y que simplemente necesitaba película, así que pagando nada más y nada menos que veinte euros compré ocho películas que uso con extremo cuidado y mimo, intentando que cada tiro sea un pedacito de mí, y no sólo una imagen vacía.

Lo mejor de este regalo no ha sido la cámara en sí misma sino la oportunidad de apreciar y reflexionar sobre la evolución de la fotografía desde que puedo recordar.Me acuerdo perfectamente la primera vez que vi una cámara digital. Mi profesor de plástica tenía una y un día la llevó a clase. Me quedé extremadamente impactada con la visión de la imagen en aquella pantalla pequeña (a mi parecer magia potagia). Con la locura de las cámaras digitales, obtuvimos muchísimas ventajas, pero también desventajas. Una de las peores consecuencias fue la pérdida inmediata de glamour a la hora de sacar una foto. Adiós a la concentración a través del objetivo, hasta luego a la suave técnica para manipularlo, chao al grandioso sonido al pasar el carrete, hasta nunca al pequeño número que señalaba cuántos momentos más podríamos capturar. El culo en pompa, las piernas separadas, los brazos extendidos sosteniendo la cámara y el cuello estirado como las tortugas de Atocha al sol fue lo que conseguimos con las pequeñas cámaras digitales. Eso sin mencionar la desaparición paulatina de los álbumes con las imágenes de las vacaciones, del cumpleaños o de lo que fuera… o la emoción a la hora de recoger las fotos reveladas de la tienda, o la tensión a la hora de colocar el carrete, siempre con mucho cuidado para que no se velara…Se ha perdido mucho y también se ha ganado. En cualquier caso, complace encontrar aún hoy películas The Impossible Project que nos permiten mantener viva una fotografía real, intensa, directa y con la que puedes jugar hasta conseguir los efectos deseados. No photoshop, sólo manos y arte.

← Previous post

Next post →

2 comentarios

  1. Hermosa publicación!!! Comparto la misma ilusión!!! Mi próxima adquisición “fotográfica” sera una POLAROID ell tema es conseguir una aquí en mi país :/ Quién sabe cuando viaje a España!!! 🙂
    Un abrazo!!!
    Karen

  2. Karen, si consigues una finalmente, seguro que no te arrepentirás. Si no es en tu país, ya tienes una excusa para visitar España 😉

Leave a Reply to Karen Sosa Cancel reply

No se permiten links

*