Siempre me ha gustado escribir, y lo cierto es que si pudiera me encantaría hacerlo desde una de esas preciosas máquinas de escribir. Hay algo de especial en eso de escuchar el eco de cada una de las palabras que uno quiere sellar en el papel, hacer eternas. Mi madre estudió mecanografía, un dedo para cada letra, una posición, una técnica, un estilo. En casa teníamos una de esas fantásticas máquinas de escribir que ella podía usar con los ojos cerrados. A mí me parecía imposible, pero cuando la observaba, tenía la impresión de que sus dedos bailaban al compás de una música secreta. Y probablemente así era. Mi padre le pedía que pasara a máquina las canciones que él mismo componía para sus alumnos y a mi me gustaba pensar que ella lo hacía dejándose llevar por la melodía. Eran una simbiosis perfecta. La música de mi padre y las manos de mi madre. Así comenzó todo.
Todavía hoy me pregunto si a mis padres les gustaría volver a aquella época, a aquel trabajo en equipo, a aquel secreto ritual. No sé si mi padre estaría dispuesto a abandonar el Finale o el Word, y tampoco sé si mi madre sería capaz de cerrar los ojos, pero estoy convencida de que a ambos les gustaría volver a escuchar el eco de las letras de sus canciones haciéndose eternas en el papel.
En cualquier caso, me agrada ver que vuelven a estar de moda, y mucho. Kasbah Mod, una empresa americana, se dedica a restaurarlas y venderlas en perfecto estado, preparadas para su uso. En este link, podrán ver una enorme selección, que probablemente les dejará con la miel en los labios. No sé si es fácil y no demasiado caro hacerse con una de ellas. Por lo pronto, yo intentaré conseguir la de mi madre, que debe estar guardada en algún lugar del garage junto a instrumentos viejos y discos de vinilo. No es tan bonita como estos modelos, pero tiene historia. Y es mi historia.