EL SECRETO DE LA BAÑISTA DE VALPINÇON

La espalda femenina ha sido siempre uno de los motivos femeninos más capturados en el arte de la pintura. Hay algo especialmente delicado y hermoso en eso de mostrar la silueta de una mujer por detrás, a veces incluso más atrayente y sensual que mostrar un pecho. Me he preguntado muchas veces por qué es así. He pensado que tal vez se debe al hecho de que no ver la cara o los pechos de esa misteriosa mujer que en cierto modo se esconde,la hace mucho más enigmática y aumenta el ansia de descubrir de quién se trata, de cómo se llama, de cuál es el color de sus ojos o la forma de sus senos. Pero lo que realmente creo que enfatiza la belleza de la espalda femenina es la piel. Oscura, clara, tostada o hasta casi transparente, lo cierto es que no importa el color, pero sí la textura, el tacto. Uno a veces, observando esas obras de arte, llega a experimentar esa necesidad de tocarla, sólo para poder disfrutar de la suavidad de esa piel.
 Desadortunadamente no todas tenemos la suerte de poseer una piel de porcelana, y necesitamos de una ayuda extra para poder acercarnos, aunque sea un poquito, a esas maravillas del arte. Uno de los mejores trucos para conseguir esa piel es la exfoliación. Conocida y apreciada desde hace muchos años, lo cierto es que aún hoy se sigue usando como una de las mejores formas de lucir una bonita piel. Mi recomendación personal es usar una esponja de lufa, bueno, más que una esponja hecha de lufa,lo mejor es una pieza entera al natural. La lufa, para los que no lo sepan, es un fruto, muy similar en aspecto al calabacín, originaria de la India, pero que crece también de manera silvestre en la selva Amazónica. El fruto se compone de una densa red de fibras que puede resultar demasiado áspera y dura en un principio, pero que en cuanto se humedece se convierte en la mejor esponja exfoliante que he conocido. Si además de esa esponja, usamos cualquier jaboncillo natural hecho a base de aceite de oliva, y antes de secarnos unas gotitas de aceite de argán (cien por cien natural y sin adulterar), nos sentiremos como la mismísima Bañista de Valpinçon de Ingres.

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