David Brewster fue un niño prodigio, con tan sólo diez años construyó un telescopio y a la edad de doce entró en la Universidad de Edimburgo. Su campo principal de estudio fue la óptica y la física de la luz. Fue en 1816 cuando inventó un juguete que emocionaría a niños y no tan niños: el caleidoscopio. Un caleidoscopio es un tubo que contiene tres espejos, que forman un prisma triangular con su parte reflectante hacia el interior, al extremo de los cuales se encuentran dos láminas traslúcidas entre las que hay varios objetos de colores y formas diferentes, cuyas imágenes se ven multiplicadas simétricamente al ir girando el tubo mientras se mira por el extremo opuesto. Pero para que realmente nos entendamos el caleidoscopio es, en realidad, un catalejo mágico que nos permite ver un mundo fantástico, paralelo – espero que me sepan guardar el secreto.
Es uno de los juguetes más vendidos y reproducidos, y curiosamente David Brewster no pudo sacarle mucho beneficio económico a su invento por un error en las patentes.Cuando uno tiene este catalejo mágico en las manos se queda embelesado, hiptonizado por ese maravilloso espectáculo de colores y formas que se abre antes sus ojos. Y después de tantos años, de las películas en 3D, de las televisiones LCD , de los teléfonos inteligentes, de las pantallas táctiles, de las Nintendo Wii…uno se da cuenta de que un trasto extremadamente simple de hace nada menos que 196 años nos sigue sorprendiendo… de la misma manera que la suave cadencia de la danza serpentina de los hermanos Lumiére (1896) o el sensual movimiento del fuego. A veces, no hay que buscar muy lejos para encontrar magia.

Nota: En Tiger puedes comprar un caleidoscopio por tres euros. Todo un chollo teniendo en cuenta que son mágicos. Mejor no revelar el secreto.