No me gustan los domingos, y no me gustan desde el sábado por la tarde. Es noviembre, y en Varsovia durante estos meses, la ciudad se disfraza de naranja, de rojo, de amarillo, el otoño tiene algo poético, no cabe duda, es una estación meláncolica, pero es hermosa. En mi opinión, es la estación de los pasteles, de los bizcochos, de las tartas.
Es un domingo como cualquier otro, pero llueve como nunca, no me apetece salir, digo. ¿Y si hacemos la tarta que nos recomendó Przemek? Buena idea, pienso.
La tarta de zanahoria fue seguro creada en otoño. Es fácil y deliciosa y sus colores combinan con la época a la perfección.
Ponemos en un bol cuatro huevos, dos vasos de zanahoria rallada, dos vasos de harina, medio vaso de aceite, un vaso de azúcar, dos cucharadas de bicarbonato, dos cucharadas de levadura, cuatro de canela, una pizca de azúcar de vainilla y un puñado de pasas, mezclamos a mano y sin miedo y al horno precalentado a 180 grados por 45 minutos.
Mientras se hace, desprende ese maravilloso olor que hace de nuestro estudio un verdadero hogar… con yogur de vainilla, con té, con todo y con nada es deliciosa, sólo se necesita un domingo de otoño y un poco de melancolía.
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