Los canarios hemos traido de Latinoamérica de todo: comida, música, amor… Algunos dicen, que por ello, dejamos allá el corazón, que palpita aún fuerte. Yo a veces confundo qué es comida típica canaria y qué es herencia: las arepas, las hallacas, el pan de jamón, el pabellón criollo… son algunas de esas cosas que se escurren entre nuestras cocinas de la misma manera que lo hacen el gofio o los mojos… Si le preguntas a los canarios que están lejos por las cosas que más echan de menos, estoy segura de que casi todos te dirán tres cosas: el mar, el gofio y las arepas. Allá las preparamos con el mismo cariño con el que se preparan los platos de toda la vida, los de casa. No es un plato sofisticado, ni tampoco elegante, pero yo lo tengo grabado en la memoria porque siempre está relacionado con los buenos momentos, esos que nunca olvidas. Todos los veranos alquilábamos un apartamento en el sur para celebrar las fiestas de Puerto Santiago.

Ese apartamento, Varadero, fue testigo del principio de una nueva etapa. Fue allí donde recibimos todos nuestras notas de calificación para empezar o no nuestros estudios en la Universidad. Estudios que nos han esparcido a todos por el mundo – algunas veces Roma, Lisboa, Cagliari, Varsovia, Madrid,Utrecht y ahora incluso Chile… y sin embargo no nos han separado de verdad. No importa qué hagamos, dónde estemos o a dónde vayamos porque siempre habrá alguna ocasión en la que podamos reunirnos todos, hacer arepas y disfrutar de ellas de la misma manera en que lo hacíamos entre los muros de Varadero.