No tengo ninguna historia especial que contar con esta receta, pero de todos modos quería compartirla. Es fácil, rápida, deliciosa y sobre todo sana y ligera. Desde que la probé por primera vez en Varsovia no he dejado de adorarla, tal vez por su simpleza. El ingrediente principal es el apio, y como supongo todos saben, no hay medias tintas con el apio. O te encanta o lo detestas. Es una planta propia de las estaciones frías por lo que ahora son fáciles de encontrar y probablemente no están tan caros. Es muy aromático y su sabor bastante intenso. Hay muchas maneras de hacer barquitos de apio, pero por ahora yo he probado sólo dos versiones, que son las que voy a compartir.
Cortamos los tallos del apio el¡mando las hojas (¡no las tiren! Yo las pongo en agua y dan un suave olor fresco a la cocina) y en el centro rellenamos los tallos que son un poco cóncavos con queso fresco para untar (tipo philadelphia), yo uso uno que ya viene aromatizado con finas hierbas para así saltarme un paso (quien quiera puede aromatizar uno natural) y encima coloco nueces y pasas. Otra de las opciones es, en lugar de nueces, una almendra y en lugar de pasas, una ciruela-pasa. Es importante colocar algo dulce, porque es lo que va a intensificar todos los sabores y hacerlo más interesante. Y ya está. El apio es muy crujiente y refrescante, además tiene mucha agua y la combinación con la suavidad del queso y el dulzor de las pasas es espectacular. Espero que lo prueben y que les guste, claro. Pero como ya he dicho, o les encantará o no podrán ni verlo, no hay más.
Una última nota, el apio tiene muchísimas propiedades, entre otras cosas: ayuda a adelgazar, a bajar el colesterol, es depurativo, relajante, tiene mucha fibra y hasta está recomendado para tratar el acné. En fin, que sólo pierden cinco minutos en intentarlo. ¡Buen provecho! :)